domingo, 11 de septiembre de 2011

Aprender a escuchar a los adolescentes


A veces la rebeldía, la antipatía o el mal comportamiento en general de nuestros hijos adolescentes hace que entremos en un espiral de conflicto, reproches y tensión en el que cada parte está convencida de tener la razón. El resultado de esta situación suele ser una ruptura en la comunicación, y es importante recuperarla antes de que la falta de comunicación se maligne.

Carta de un hijo a todos los padres del mundo
  • No me des todo lo que te pido (a veces solo pido para ver hasta cuánto puedo coger).

  • No me grites (te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también. Y yo no quiero hacerlo).

  • No me des siempre órdenes (si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto).

  • Cumpla las promesas buenas y malas (si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo).

  • No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana (si tú me haces sentirme mejor que los demás, algluien va a sufrir; y si me haces sentirme pero que los demás, seré yo quien sufra)

  • No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer (decide y mantén esa desición).

  • Déjame valerme por mi mismo (si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender).

  • No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por tí, aunque sea para sacarte de un apuro (me hace sentirme mal y perder la fe en lo que me dices).

  • Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga el por qué lo hice (a veces, ni yo mismo lo sé).

  • Cuando estés equivocado en algo, admítelo y cercerá la buena opinión que yo tengo de ti (así me ayudarás a admitir mis equivocaciones).

  • Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos (porque seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también).

  • No me digas que haga una cosa si tu no lo haces (yo aprenderé siempre lo que tu hagas, aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas).

  • Cuando te cuente un problema mio, no me digas "no tengo tiempo para bobadas" o "eso no tiene importancia" (trata de comprenderme y ayudarme)

  • Y quiéreme. Y dímelo (a mí me gusta oírtelo decir, aunque tú ne creas necesario decírmelo o aunque yo no te lo diga a tí).

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